Cabool

DiseñoInterior, no. 78, pp. 96-100

Club Cabool en San Luis

Recuperando un pasado industrial

El Club Cabool ocupa los bajos de un edificio industrial de principios de siglo de la ciudad americana de San Luis. El immueble, que antes había albergado una fábrica textil, estaba prácticamente en ruinas, pero cuando se planteó su nuevo uso, su propietario, Paul Guzzardo y el interiorista Lorens Holm, autor de la intervención, estuvieron de acuerdo en no ocultar su vida pasada, sino más bien evidenciarla, saneando la estructura existente y conservando intactos los acabados originales.

Esta premisa domina toda la intervención. Al trabajar en la fachada, por ejemplo, se descubrieron unos arcos ocultos tras unos bloques de hormigón, que se han recuperado. Asimismo, se dejaron tal cual las deterioradas losetas de barro que revisten el exterior, mientras que en interior, el techo y otras superficies como zócalos y columnas, presentan un aspecto inacabado. Robin Nelson, una especialista en este tipo de trabajos, ha sido la responsable de los trabajos de restauración.

Contrasta con esta atmósfera de decadencia industrial el concepto tecnológico que el proprietario deseaba imprimir al Club. Cabool reúne y muestra las últimas tecnologías en el mundo audiovisual y de la comunicación, y es punto de encuentro para usuarios de Internet. Mumerosas pantallas de vídeo, algunos terminales de ordenador y un espacio vacío reservado para las tecnologías que pueda traer el futuro, manifiestan esta vocación vanguardista.

Diferentes Ambientes

El local es un espacio díafanco de 450 m2 y planta rectangular. El acceso se efectúa mediante unas grandes verjas metálicas que se abren a un porche. El muro de pavés que lo delimita es uno de los tres elementos que la intervención ha insertado en el espacio original, además de un gran espejo en ángulo y el muro de acero oxidado que delimitan la zona de los aseos.

El interior es un espacio abierto en el que destacan el ladrillo de los muros perimetrales, las instalaciones vistas, el solado continuo de hormigón y la presencia de una hilera da cinco pilares en el centro de la planta. La barra se sitúa adosada al muro de la derecha, junto a una escalera de acero que conduce a las zonas privadas de la planta superior. Frente a ella se han creado varios ambientes: un área de mesas triangulares, denominada "kiosko de equipamiento electrónico", el punto de conexión a Internet, resuelto con una torre de andamios de metal, y, tras el muro de espejos, una "habiración invisible".

A continuación de la barra y separada de ella mediante una cortina que actúa como aislante acústico, se han situado dos ambientes: la zona de baile, untilizada también para montajes audiovisuales y presidida por un viejo tanque de lavado, y otra amueblada con cuatro mesas corridas realizidas en acero. Frente a ellas, tras el muro de acero, se encuentra el volumen rectangular que alberga los aseos. La zona de lavabos se sitúa aparte, adosada a uno de los muros de ladrillos. Se trata de los lavabos originales de la fábrica utilizados por los trabajadores, que los autores de la intervención decidieron dejar a la vista. La ubicación estratégica del tabique de espejos es suficiente para preservar la intimidad en esta zona, sin ocultar su presencia.

Para la iluminación se recurrió a focos halógenos situados sobre carriles, fijados ordenadamente en el techo, que no rompen la imagen industrial que se deseaba potenciar.

—Lorens Holm


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